Al pie de tu cama

cama historias de terrorHabía un par de chicas que no se separaban ni un solo momento, se conocieron en el colegio cuando aún eran muy pequeñas y desde entonces entablaron una bella amistad. Ambas eran muy parecidas, salieron con la misma clase de chicos, fueron a las mismas escuelas, consiguieron trabajo juntas y compraron casas en el mismo vecindario, una al lado de la otra.

La primera noche Nadia llamó a la puerta de Brenda a eso de las tres de la madrugada; estaba algo asustada, creía haber sentido que alguien la observaba mientras dormía, salió de ahí a prisa y fue a pedirle asilo a su amiga que por supuesto no se lo negó. Continue reading

La capilla embrujada

Angelito era un chico de apenas once años, que tenía a su cargo unas cuantas reses de La hacienda del señor Barrera, él las llevaba a diariamente desde la finca que estaba al pie del cerro Panaga, cerca de la Unidad Vecinal hasta un pequeño prado de pastar. El jovencito era alto, delgado, de tez curtida por el sol, ojos y cabellos castaños y expresión simpática, que lo hacían lucir un poco mayor de lo que en realidad era. A veces se entretenía tallando figuras de madera con una pequeña navaja y otras tocando la flauta, mientras el ganado pastaba tranquilamente.

Una de tantas tardes pastoreando las reses, estas se acercaron a una capilla de aspecto lúgubre, la cual era conocida como: La capilla Embrujada. Angelito recordó entonces, que era un lugar que no debía pisar, porque se escuchaba que espantaban de día y de noche, y lo mejor que podía hacerse al estar cerca era no entrar y alejarse lo más posible.

Pero es bien sabido que los chiquillos son más valientes que las personas adultas, y que la curiosidad los mueve de maneras distintas. Así entonces, Angelito entró despacio, viendo alrededor…y de ahí no salió más que un desgarrador grito de auxilio que espantó al ganado. Al ver que las reses regresaron solas a casa la gente de los alrededores organizó una desesperada búsqueda, que los puso frente a la capilla. Al seguir las huellas del niño.

La tarde quedó en silencio. No hubo alma que se atreviera a entrar a averiguar, dieron al niño por muerto y su familia le llevaba flores, las cuales colocaban a una distancia prudente del temido oratorio. Los que recuerdan la historia de Angelito, cambian su ruta para no pasar por delante de la capilla, que luce cada vez más tétrica y desolada. Y arranca sustos a más de uno, cuando deja salir de su interior los gritos lastimeros y llantos dolosos de un niño pequeño.

La china y el chamuco

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En el barrio de Triana, Aguascalientes, vivía una familia humilde, pero de buenas costumbres. Hilaria, era la hija mayor de los señores Macías, que además de ser una mujer muy hacendosa, era bella. Además le gustaba hacer obras de caridad, por todo esto ella era muy conocida en el barrio.

Los domingos, cuando Hilaria iba a misa a la iglesia del Encino, llamaba la atención. Tenía muchos pretendientes, pero a ninguno le hacía caso por no haberle llegado todavía su hora de enamorarse. Un día la muchacha se vio acosada por “El Chamuco”, un individuo de mala reputación, que aparte de ser feo, prieto y cacarizo, era presumido y se creía el más guapo. Este muchacho se enamoró perdidamente de la joven y la seguía a todas partes. Ella estaba aterrada, porque “El Chamuco” había amenazado con raptarla, así que fue a decírselo a su confesor.

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La sonrisa de la mujer

Seguimos con mas cuentos cortos de terror de México, que un Hombre llamado Jalisco tenía el don de ver los espíritus de los muertos, para ellos era un don, para él era una maldición pues al igual que todas las personas a él le daba miedo el ver un suceso de este tipo.

Un día, mientras dormía tranquilamente escucho un ruido aterrador que no podría sacar nunca de su mente, se trataba de un grito espeluznante que venía desde afuera y él se sintió tan aterrorizado que no pudo hablar ni moverse. Sin embargo él quiso saber de dónde provenía el grito, Continue reading

La leyenda de la Llorona

La leyenda de la lloronaNací en una ciudad grande, pero cuando llegué a la adolescencia, me volví un joven ruidoso y parrandero. Para evitar que me descarrilara, mi madre me llevó a vivir y estudiar en el pequeño pueblo de Colombia donde ella nació y donde vivía mi abuelo. Una noche de fiesta, comencé a caminar con un grupo de amigos luego de una fiesta y bastante ebrios junto al pequeño río que surca el pueblo cantando. Uno de ellos se acercó más a la débil reja, cantando a gritos hacia abajo para escuchar el eco, mientras todos reíamos a carcajadas. De repente, escuchamos un aullido de dolor de una mujer que retumbó entre las piedras y acalló la voz de mi amigo. Sentí que todo el cuerpo se me erizaba, y el muchacho estaba más pálido que una vela. Corrimos en silencio hasta nuestras casas. Continue reading