La leyenda de la Sayona

leyenda de la sayona

Cuando las personas mueren, su alma abandona el cuerpo que habitaron para ir hacia el cielo o el infierno….a menos que hayan dejado un asunto pendiente. Hay espíritus que se quedan a cuidar a los suyos, otros quedan vagando de forma indeterminada, apegados al plano material, mientras que algunos cometen acciones horrendas y no existe un castigo capaz de hacerles expiar sus pecados. Algo como esto ocurrió hace cientos de años, en un pueblo de los Llanos de Venezuela o Colombia, donde se ha visto deambular a la Sayona, el espíritu de una hermosa mujer que aparece para castigar a los hombres infieles.

Cuenta la leyenda que una hermosa pero muy celosa mujer se casó con un hombre guapo y trabajador. Al poco tiempo, quedó embarazada y dió a luz a un hermoso bebé. Esta mujer tenía como costumbre ir a bañarse en uno de los tantos ríos que surcan las tierras llaneras y, al ser tan hermosa, tenía muchos admiradores. Uno de ellos solía esconderse entre los matorrales para espiarla mientras ella tomaba esos baños completamente desnuda. Un día la mujer descubrió al espía y le inquirió por su desfachatez, cubriendo con sus manos su cuerpo desnudo. El hombre, para escapar de la acusación le dice: “sólo vine a avisarte que tu marido te es infiel con tu propia madre. Ve a tu casa y obsérvalos con tus propios ojos.” La mujer henchida de celos y rabia apenas tomó una manta y salió corriendo a su casa, sin hacer preguntas, tomó un galón de combustible y roció los cimientos de la casa rural, arrojó un fósforo encendido y esperó a que ardiera. Los gritos de su marido y de su bebé de 9 meses se escucharon en todo el pueblo, mientras ella observaba cómo se consumían bajo las llamas, sonriendo.

La madre de la mujer llegó al poco rato, y comenzó a gritar, tratando de salvar al pequeño o al marido. La mujer se abalanzó sobre su madre sin mediar palabras, acusándola de la infidelidad e hiriéndola con un machete. Mientras era cercenada y empujada al fuego, la madre miró a los ojos y le gritó: ¡Eres un monstruo horrendo, te maldigo, Sayona serás para siempre, en el nombre de Dios que así sea!. Apenas pronunció estas palabras, un grito ahogado surgió de las entrañas de la mujer, su cuerpo se consumió, su rostro desapareció y dejó sólo una calavera, apenas cubierta por el largo cabello negro. La Sayona corrió hacia el monte y desapareció.

Hay quienes aseguran que esto es apenas una leyenda del campo, pero mi tío Carlos cree firmemente en ella. Hace varios años, en su juventud, mi tío Carlos salió de su casa bien entrada la noche paa visitar a una mujer a quien le había hecho proposiciones y que pretendía convertir en su amante. Caminó unos pocos metros cuando una mujer hermosa, vestida de blanco, con largos cabellos negros le hizo un gesto y le pidió que la siguiera. Caminaron un rato en silencio bajo las estrellas hacia un lugar oscuro y apartado, donde el tío Carlos le tocó un hombro, la mujer se giró y le mostró su rostro: una calavera blanca, con gusanos en las cuencas de los ojos y dientes enormes, filosos como cuchillos que se abrieron para dejar escapar un aullido de agonía, prestos a encajarse en su carne.

Cuenta mi tío Carlos que corrió desesperado hasta llegar a su casa, donde cayó de rodillas ante los pies de su mujer y le rogó perdón después de contarle lo que había sucedido. A partir de ese momento, nunca más se le cruzó por la mente volver a engañar a su mujer. Y él tuvo suerte, porque la mayoría de los hombres infieles son perseguidos por La Sayona hasta pozos y barrancos, donde encuentran una muerte segura.

Leyendas de terror

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